Escribí esta nota a mitad de año de 2023, el medio en el que se publicó ya no existe. La cuelgo acá porque cuenta una historia que merece ser registrada, y puede servir además como inspiración para todos esos colectivos que, mientras trabajan para que sus barrios puedan disponer de un cuadrado de tierra con árboles y pasto, saben bien que la única forma de conseguirlo es con organización y lucha. La plaza de Villa Santa Rita se inauguró finalmente en abril de 2025, y ahí está: viva, activa, soleada y convocante. Si ahí seguirá por muchas vidas es gracias a la articulación vecinal.
El barrio porteño de Villa Santa Rita tendrá por fin su primer y único, pequeño y tan anhelado espacio público verde. Pero el logro no fue casualidad: se explica por la organización, la inteligencia y la persistencia de un puñado de vecinos decididos a cargarse al hombro un reclamo de más de 40 años.
Resulta extraño,
pero es real. Villa Santa Rita –el barrio de la comuna 11 delimitado por
Álvarez Jonte, Condarco, Gaona, Joaquín V. González y Miranda– es el único en
toda Buenos Aires que no tiene un solo espacio verde. Ni una plaza, mucho menos
un parque. La razón de fondo se desconoce, aunque según un mapa de 1839 el
loteo inicial sí contemplaba una plaza que jamás se hizo. El clamor para
reparar esa falta sonó fuerte cuando en los ’80 se liberó el predio que ocupaba
la fábrica de cigarrillos Particulares
(una manzana entera en Terrada y Beláustegui), y entonces se alzaron petitorios
y reclamos, pero como es de público conocimiento el proyecto terminó quedando
en torres.
La vieja
aspiración está ahora a punto de volverse realidad. Porque el 23 de marzo
pasado la Legislatura porteña aprobó por unanimidad que se expropie un terreno
de 1.600 metros cuadrados sobre Jonte entre Cuenca y Granville. Y hasta los
medios nacionales se hicieron eco de la buena nueva, todo mientras los vecinos
celebraban con un grito casi ahogado. Un poco porque tras la sostenida y
sacrificada militancia de un puñado de ellos el reclamo llegaba, por fin, a
buen puerto; aunque también por el significado que la victoria envuelve para
cada una de las batallas que por la escasez
de espacios verdes se libran hoy en la ciudad.
Resulta, en
efecto, muy poco común que el gobierno de Horacio
Rodríguez Larreta haya decidido transformar un espacio privado en otro
público. Porque la tendencia en los últimos años, exceptuando algún caso
puntual por la traza del subte, ha sido más bien la contraria. Tal como lo
cuenta en este hilo la ingeniera y fundadora de la ONG “El
Movimiento” María Eva Koutsovitis, los
poquísimos metros vacantes de Buenos Aires tienen mil veces más chances de ser
privatizados y cubrirse de cemento, edificios o paseos comerciales antes que de
convertirse en parques o plazas. Por eso el hecho de que esta administración
tome el camino inverso constituye todo un hito.
En el caso
de Santa Rita los planetas, la militancia barrial y la coyuntura se alinearon
para que un terreno privado se expropie y la zona tenga próximamente –la fecha
no está aún definida– su primera, única y pequeña, pero a la vez tan anhelada plaza.
De esa trama de más de una década
que hizo realidad el viejo sueño –y que incluyó repetidos intentos, rosca,
expedientes, incontables reuniones de vecinos, cafés con funcionarios, lectura
de documentos, campañas de difusión, bicicleteadas, chats sempiternos, marchas,
contramarchas, redacción de proyectos y variados aprendizajes– intenta dar
cuenta esta nota.
Los de
Granville y el primer chispazo
La foto más
típica de Villa Santa Rita es la del pasaje
Granville, que guarda las particularidades de ser peatonal, “ajardinado” y
muy pintoresco. Otra cosa llamativa de ese pasaje es que la mayoría de sus
vecinos se conocen y aprendieron a trabajar como colectivo. Hace por lo menos
15 años que vienen rebelándose contra la construcción de torres en la zona. Incluso
lograron, allá por 2013, que la Legislatura aprobara la ley 4.738 de “Vías de
Ancho reducido” para limitar la altura de los edificios aledaños. Fueron
también ellos quienes, ante el anuncio de construcción de dos torres de diez
pisos (sobre el mismo terreno de Jonte en el que ahora se va a convertir en
plaza), salieron a la calle para organizar el recordado “velorio del pasaje”, porque aseguraban que, con
semejante mole al lado, la estrecha vía directamente se moría.
Fue esa
protesta (que se prolongó por años) la que permitió echar el ojo al codiciado lote de Jonte en el que alguna
vez habían funcionado canchas de paddle, un lavadero de autos y un
estacionamiento y sobre el que, de tanto en tanto, volvía a sobrevolar la
amenaza de levantar imponentes torres. La forma más inteligente de protegerlo
era unir los dos reclamos: pelear para que el espacio quedara libre de
edificios… transformándose en plaza. Fernando
Sánchez, exlegislador de la Coalición Cívica, presentó en 2011 un proyecto
en esa línea. Pero la Legislatura nunca lo trató. Y por eso terminó a los dos
años perdiendo estado parlamentario.
Segundo
intento en plena pandemia
Carolina Maccione, comunera de la 11 por Vamos Juntos, incluyó
entre sus promesas de campaña de 2019 que trabajaría por “Una plaza para Villa
Santa Rita”. Y al año siguiente, ya electa, redactó efectivamente un proyecto para
expropiar el mismo terreno sobre Jonte. El texto fue votado por unanimidad por
los siete integrantes de la Junta Comunal y presentado a la Legislatura en
noviembre de 2020. Aunque el expediente jamás registró movimientos.
Cabe, en
este punto, aclarar algo: si bien la palabra “expropiación” suele generar
suspicacias, se trata de un proceso establecido por la ley 238, que deja en
claro que un terreno puede expropiarse para la satisfacción de un bien común.
Pero no es que esos inmuebles “se quitan” sin más a sus dueños: para eso no
solo debe mediar una ley, sino que el valor del terreno se paga de acuerdo a
una tasación que hace el Banco Ciudad.
“Además de hacer
pan de masa madre y practicar yoga en el baño, la pandemia nos permitió llevar
adelante un par de otras cosas”, recuerda Matías
Lockhart, vecino del barrio, acerca del año del inicio de la pandemia: 2020.
El consejo consultivo de la 11 todavía no funcionaba. Pero ante la angustiante
falta de plazas cercanas –vale recordar que hubo un momento en el que solo se
podía circular a 500 metros del domicilio– vecinos de Santa Rita y Mitre empezaron
a juntarse por zoom para volver a militar su plaza. Crearon en Facebook un
grupo que se llamó “Vecinos Unidos” y enviaron a funcionarios de la Ciudad una
extensa carta en la que solicitaban dar “curso urgente” al proyecto de
Maccione.
Cuando corría
ya 2021 ese grupo inicial se consolidó y se dio un nuevo nombre: “Una plaza
para Villa Santa Rita”. Una vecina diseñó un
logo, otra armó el inevitable grupito de whatsapp. Y decidieron que se
mantendrían vecinales y apartidarios, porque la idea era conversar con todos y
todas. Los vecinos arrancaron
entonces a articular con otros comuneros y legisladores, y organizaciones
barriales, y a juntar firmas, y a organizar eventos de visibilización: por caso
una bicicleteada, una tarde para las niñeces, la pintura de un mural, talleres
de canto. Cada difusión implicaba un trabajo titánico. Porque tampoco es raro que,
en estos tiempos de vidas atomizadas, algo suceda a dos cuadras de nuestra casa
y ni siquiera nos demos por enterados.
Así y todo,
comenzaron a tejerse redes. “Aunque no hubo avances concretos, lo que logramos
durante ese tiempo fue visibilizar el reclamo –dice Guillermina Bruschi, otra de las vecinas que durante los últimos
años se abocó de lleno a trabajar en el proyecto–. De hecho, cuando al año
siguiente iniciamos el recorrido legislativo, muchos nos decían que tenían
perfectamente claro que Santa Rita era el único barrio de Buenos Aires sin
plaza”.
Maccione jamás
se acercó a conversar con nadie, tampoco participaba de los eventos. Fue en
marzo de 2022, durante una reunión con organizaciones, que Jonatan Baldiviezo, fundador del Observatorio del Derecho a la
Ciudad, les dijo a los de “Una plaza…” que solo faltaban dos semanas para que
el proyecto, que seguía durmiendo en la Legislatura, perdiera estado
parlamentario. “¿Pero cómo –le respondieron–, si fue presentado en noviembre de
2020? Todavía tenemos algunos meses”.
“No –les explicó el abogado–. Se cuentan los años calendario: es igual
que si hubiera entrado en marzo”. Quería decir, entonces, que presentar un
proyecto en noviembre implicaba un total despropósito.
Los vecinos
se enojaron, insultaron, se desalentaron, se sintieron estafados. No podían
entender que la Junta Comunal no manejara ese dato y los dejara ilusionarse con
un proyecto que nunca se concretaría. Comprendieron, de todas formas, que
no era el momento de bajar los brazos.
Si la cosa se ponía difícil, si la Legislatura les daba la espalda, si se encontraban
bastante solos, lo que había que hacer era pensar, debatir, elaborar y redactar
para finalmente presentar ante las autoridades el proyecto de ya no una, sino
cuatro plazas para Santa Rita.
Los cuatro
terrenos y el recorrido legislativo
“Tenemos
que redactar un proyecto nosotros”, fue la conclusión tras el revés. Alguien
con experiencia apareció para ayudarlos: la gente del colectivo que desde hace
años viene oponiéndose a la construcción de un parque lineal sobre Honorio Pueyrredón.
También
había sucedido que en el transcurso de 2021, aunque el proyecto de Maccione
seguía vigente, los comuneros del Frente de Todos Gastón Fernández y Victoria
Pugliese se dedicaron a hacer relevamiento de otros terrenos que, además
del de Jonte, podrían estar disponibles para la plaza. Y estos eran, en total,
cinco: uno en Emilio Lamarca y San Blas; otro en Concordia y el pasaje Toay; otro
más en Nazca y Beláustegui; un cuarto en el predio del ex hospital Israelita y por
último, el de Jonte. Se consiguieron los certificados de dominio. Y a partir de
entonces la batalla comenzó a replantearse.
“Si 2021 fue
el año en el que nos dedicamos a la difusión y los eventos, 2022 estuvo
enfocado en dos aspectos: uno, el logro de una masa crítica mayor; y dos, el
recorrido legislativo”, reflexiona Lockhart. “Observamos que en el barrio ya no
quedaba un terreno para tener una plaza ‘tradicional’ de toda una manzana.
Entonces nos preguntamos: ¿por qué no armar un proyecto vecinal e integral
desde el punto de vista ambiental, social, educativo y de salud, un proyecto que
pensara a los cuatro lotes como un conjunto?”, agrega Bruschi.
Al predio del
hospital Israelita lo dejaron afuera: les pareció que el edificio podría
recuperarse para una secundaria pública en la zona –otra gran falta en el
barrio–, o la mudanza del apretado Cesac 34 de la calle Artigas. Los otros cuatro lotes totalizaban en
conjunto 4.900 metros cuadrados, menos de media manzana. “Es poco
considerando la superficie –reconocen los vecinos– pero ganábamos en
accesibilidad, porque hay lugares desde donde seguís teniendo que caminar diez
cuadras para llegar a una plaza. La gente mayor ni siquiera va, y con chicos
chiquitos medio que, al volver, llegás arrastrándolos”.
“Antes de
que termine esta gestión, Villa Santa Rita tendrá su plaza”, dejó caer en medio
de una “reunión de cercanía” nada menos que Felipe Miguel, el poderoso jefe de gabinete
porteño. Los vecinos se miraron y se dijeron: “Es ahora”. Se asesoraron sobre
el formato y el lenguaje requeridos y pusieron manos a la obra al nuevo
proyecto, que sin decir nada presentaron por mesa de entrada en la Legislatura.
Para tomar estado parlamentario debía “levantarlo” algún diputado, cosa que enseguida
hizo Lucía Cámpora, legisladora del
Frente de Todos y desde marzo pasado también secretaria general de la
agrupación juvenil “La Cámpora”.
La hora del “poroteo”
“No importa
de qué proyecto se trate: en la
Legislatura oficialismo y oposición juegan a Tom y Jerry: lo que levanta
uno, no lo vota el otro. Y a pesar de que les decíamos: ‘ojo que esto es
transversal, todos estamos de acuerdo en que Santa Rita necesita una plaza’”,
ni remotamente Vamos Juntos iba a votar un proyecto que llevara la firma del
Frente de Todos”, analiza Lockhart.
Los vecinos
se afanaron a la tarea de contactar personalmente legislador por legislador. Al
principio lo hicieron a partir de los correos y teléfonos que aparecen en la
web de la Legislatura. Nadie les respondía, y fueron luego encontrando otros
canales en lo que prácticamente se convirtió en un trabajo de investigación. Uno
de los pocos que respondió ese primer correo fue Gabriel Solano. “Yo les firmo, claro que les firmo. Pero, ¿a
ustedes les sirve que yo les firme?”, les preguntó, pragmático, el legislador
del Frente de Izquierda y los Trabajadores. Ellos (los vecinos) decidieron que
sí, que valía confiar en la potencia de la idea y seguir “poroteando” uno a uno
los apoyos. El nuevo proyecto requería de 40 votos como mínimo. Aparte de los
cuatro lotes en vez de uno, incluía también el cambio de esos terrenos a la
categoría “Urbanización Parque”, que
implica que se conviertan en plazas únicamente y no puedan destinarse a ningún otro
fin. El texto ingresado consiguió, de entre
los 60 legisladores que componen el recinto, un total de 6 firmas: las de Lucía Cámpora, Javier Andrade y Magdalena
Tiesso (del Frente de Todos); y Gabriel
Solano, Alejandrina Barry y Amanda Martín, del Frente de Izquierda
y los Trabajadores.
Nicolás Manieri, el jefe comunal de la 11, tardó un largo
tiempo en atender a los vecinos de Santa Rita, a pesar de sus numerosos
intentos. Pero cuando finalmente lo hizo les consiguió una reunión con María
Sol Méndez, legisladora de Vamos Juntos. Luego los propios vecinos lograron
tejer otro encuentro con el diputado del mismo bloque Marcelo Gouman. Él –que no firmó el proyecto– les adelantó, sin
embargo: “Déjenme hablar con el Ejecutivo”. “Nosotros lo habíamos presentado
por mesa de entradas en junio de 2022 –recuerda Bruschi–. Y esa reunión fue en
septiembre. No conocemos el entretelón, pero desde entonces algo se modificó. El
proyecto nuestro, levantado por Lucía Cámpora, seguía sin tratarse en comisión.
Y esa palabra de Gouman fue algo así como la semilla”.
El “núcleo
duro” de los vecinos militantes no tenía para entonces más de diez integrantes:
diez personas comunes y corrientes que además de sus respectivas tareas laborales,
de cuidado, autocuidado, logísticas, educativas y deportivas debieron de
encontrar el tiempo para leer, estudiar, juntarse, conversar, armar de cero un
proyecto y tener luego que encarar una suerte de marca personal sobre más de 80 funcionarios de las comunas, de la Legislatura
y del Ejecutivo porteño. “Fue como hacer un máster”, confiesa uno de los
vecinos. “Como tener otro laburo”, le responde otra.
“Veníamos
con toda esa efervescencia de las reuniones hasta que, de pronto, recibo un
mensaje de Guille: ‘mirá esto’, decía y me mandaba un link”, rememora Lockhart.
Era el 22 de diciembre de 2022, la Argentina acababa de consagrarse campeona
del fútbol mundial y el Ejecutivo porteño anunciaba la presentación de un proyecto de ley que proponía la
expropiación del lote de Jonte para convertirlo
en una plaza. El texto aparecía estampado con las firmas de Horacio
Rodríguez Larreta y Felipe Miguel.
Fue una
verdadera bomba. “Igual pasábamos de la euforia a la desconfianza en cuestión
de segundos. Por momentos parecía un déjà vu: otra vez presentando un proyecto a
fin de año. Pero a pesar de eso, y de que el proyecto no era el nuestro,
–incluía una sola plaza en lugar de cuatro, y sin el cambio de status a
Urbanización Parque– estábamos contentos, porque por primera vez teníamos la sensación de que íbamos a lograrlo.
Habíamos conseguido el apoyo del Frente de Todos, luego de los legisladores de
izquierda, y ahora del oficialismo. ¿Quién no lo iba a aprobar?”, recuerdan los
vecinos. Y rematan: “A pesar de que muchos quisieron llevarse los honores, y de
que tuvimos que escuchar que legisladores que jamás nos habían atendido se
jactaran de ser los promotores de la plaza, nosotros lo vivimos como una
victoria vecinal”.
La lucha que continúa
Así
llegamos al último 23 de marzo: con la ley aprobada por unanimidad. Solo falta
ahora que se implemente –aún no hay novedades de la expropiación– y que se
considere también el deseo de los vecinos de que se trate de un espacio “verde en serio”, con suelo absorbente,
con la mayor cantidad posible de árboles, con pocas intervenciones de cemento, preferiblemente
sin rejas y con un espacio de juegos cercano a Dantas. El colectivo que
militó la ley ya elaboró un proyecto que fue apoyado por la Red Argentina del
Paisaje. “No queremos que se trate solo a través de Participación Ciudadana,
sino que se tenga en cuenta la opinión de expertos. Porque puede pasar que
mucha gente no quiera pasto porque piensa que trae ratas, o no le gusten los
árboles porque les molestan las ramas”, advierte Bruschi. “La gente no tiene
por qué saber cómo se diseña una plaza”, reflexiona y destaca en ese sentido
que “en la Dirección General de Antropología Urbana son macanudos, y por ahora
nos escuchan”.
Pero el
debate no está cerrado. Y más allá del natural desgaste, los vecinos piensan
seguir de cerca la implementación del proyecto, así como el intento por lograr
las cuatro plazas. “Estas luchas son siempre de largo aliento, y a veces tienen
que esperar una coyuntura. En este caso esa coyuntura pudo tener que ver con
que el gobierno de la Ciudad apuesta a que Devoto
se convierta en el nuevo ‘barrio cool’ que ‘derrame’ hacia Villa del
Parque, Villa Santa Rita y Villa Mitre”, analizan y citan como referencia la
extensa entrevista que el secretario de Desarrollo
Urbano Álvaro García Resta brindó al
diario La Nación y que tanto enojó a
organizaciones de la ciudad, ya que el funcionario enmarcó muchos de sus
reclamos con el rótulo de “populismo urbano”. “De todas formas –sostiene
Bruschi– nuestro trabajo vecinal resultó clave, porque sin él lo mismo se
hubiese ‘transformado’ Devoto y nosotros seguíamos sin plaza. Mi aprendizaje
personal es que, más allá de las frustraciones, no hay que perder de vista el
objetivo. Y el hecho de que pudimos encontrar la forma de sentarnos a hablar, y
ellos la de escucharnos”.
Por lo
pronto el último lunes 15 de mayo se sentaron por primera vez en una misma mesa
la gente de Antropología Urbana, todos los comuneros (menos Maccione), gente
del staff de la Comuna, un coordinador del Consejo Consultivo, tres expertas de
la Red Argentina del Paisaje y el colectivo “Una plaza para Santa Rita”. El
objetivo: iniciar un proceso para diseñar en conjunto la plaza y seguir de
cerca las políticas “verdes” para el barrio. “Pedimos que, además de
Participación Ciudadana, las decisiones puedan anclarse en otras cuestiones,
como las recomendaciones de organismos internacionales y saberes técnicos.
Porque si ese espacio no se diseña bien, entonces va a seguir siendo un barrio
sin plaza”, considera Bruschi. “También –añade– solicitamos que frente al
cambio de gestión se mantenga el compromiso y no tengamos que empezar todo
desde cero”.
“Las frustraciones son muchas, pero no hay que
bajar los brazos –finaliza Lockhart–. Si no salía, no salía. Así y todo esto
es parte del recorrido de mi vida y de lo que les dejo a mis hijos. Ahora esta plaza va a ser para nosotros, para los
que vendrán y para los que antes la pelearon. Porque la única posibilidad
de esperanza es colectiva. Los reclamos de ‘mi árbol’, ‘mi vereda’, ‘mi basura’
se quedan en una mirada muy chiquita. Entre nosotros podemos tener, y de hecho
tenemos, ideas diferentes. Pero si en algo pensamos parecido es en la forma de
crear comunidad”.
El relato
surge a partir de una extensa entrevista con Guillermina Bruschi, Matías
Lockhart y María Alejandra Hernández, integrantes del colectivo “Una plaza para
Villa Santa Rita” en un café de Argerich y Álvarez Jonte, además de lectura de
documentos y anteriores conversaciones con funcionarios.



